Sentencias, impuestos y catalán
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Asegura El PaÃs en su edición del dÃa 8 de abril que la Administración de Justicia española tiene más de 1.481.000 sentencias firmes pendientes de ejecutar (más de 400.000 de ellas en el orden penal). El diario global busca las causas de esta ineficiencia y encuentra el espejo en el que deberÃa mirarse el Poder Judicial para salir de este atolladero: la Agencia Tributaria.
Curiosamente, los autores del artÃculo coinciden con una de sus más famosas columnistas, Soledad Gallego-DÃaz, que cuatro dÃas antes afirmaba que "la rapidez y profesionalidad con la que otras Administraciones [la AEAT y la Seguridad Social] se han adaptado a las nuevas tecnologÃas pone en evidencia que no se ha tratado, fundamentalmente, de un problema de falta de recursos [por parte del Ministerio de Justicia], sino de una apabullante falta de interés".
Estoy de acuerdo, no pongo ni un pero al comentario de Gallego-DÃaz. Pero quizás deberÃamos preguntarnos si es casualidad que esto sea asÃ: es decir, si se debe a la competencia de los responsables de uno y otro departamento (Rato y Solbes, frente a Trillo, Michavila, Bermejo y López Aguilar) o si es algo estructural. Yo me inclino por lo segundo.
En esta página criticamos con cierta frecuencia a Papá Estado, pero también sabemos reconocer sus méritos. La Administración Tributaria es uno de ellos: ágil habitualmente (suelen cobrar y pagar con cierta rapidez), eficiente (te mandan el borrador del IRPF a casa) y moderna (todo informatizado, nadie se escapa). Frente a este panorama destaca la ineptitud de la práctica totalidad del resto de agencias estatales: burocratizadas, lentas y decimonónicas.
Nada más lógico, Papa cuida a aquellos que le proporcionan el sustento y desatiende al resto. El problema es de incentivos y consecuencias. Los integrantes de la Administración de Justicia saben que el modo en que hagan su trabajo (bien o mal) no tendrá efectos sobre su estatus (ni los que lo hagan bien tendrán premios ni los demás penalizaciones). Por lo tanto, su labor (la de todos, los funcionarios, los técnicos, los cargos polÃticos) está condicionada a lo que podrÃamos llamar su honestidad laboral. Yo estoy convencido de que la gran mayorÃa de ellos quiere hacerlo bien y trabaja duro para mejorar, pero normalmente esto no es suficiente si no tienes un extra de motivación (el jefe, el cliente,...) que te empuje cada dÃa y que te castigue si no lo haces bien.
Diréis que el personal de Hacienda se mueve bajo los mismos parámetros y, aunque sea aparentemente cierto, hay un elemento diferencial importante: este departamento es la piedra angular de Papa, el que le proporciona su sustento y le ayuda a poner en marcha el resto de su maquinaria. Por lo tanto, sus mejores y mayores esfuerzos irán dirigidos a su mejora.
Mientras escribÃa este artÃculo recordaba una anécdota que un ciudadano barcelonés comentaba cabreado en la radio hace unos meses. Este individuo se quejaba de que todas las comunicaciones de la Generalitat que le llegaban a casa estaban redactadas sólo en catalán... bueno, todas no... ¿adivináis cuáles eran bilingües?... sÃ, eso es, las multas y las del departamento de Hacienda. Papá puede tener muchos defectos, pero es absolutamente previsible.
Posdata: Afirmo en el artÃculo que "los integrantes de la Administración de Justicia saben que el modo en que hagan su trabajo (bien o mal) no tendrá efectos sobre su estatus". Evidentemente, el expediente abierto al juez Rafael Tirado (el que no metió en la cárcel al pederasta del caso Mari Luz) no contradice este análisis. Estoy convencido de que ni es más ineficiente ni más descuidado que sus compañeros, simplemente tuvo mala suerte y se convirtió en la vÃctima propiciatoria con la que Papa nos trata de tranquilizar de vez en cuando.





