'Papá' no habla mi idioma
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Una veintena de entre los más destacados intelectuales (de los de verdad, de los que hacen honor a ese nombre usando el intelecto) de nuestro paÃs presentó ayer en el Ateneo madrileño un documento denominado Manifiesto por la Lengua Común, en el que denuncian la persecución que llevan sufriendo muchos españoles en algunas regiones de su propio paÃs por intentar habla su lengua o comunicarse con ella con la administración de turno. Gente como Fernando Savater, Mario Vargas Llosa o Carmen Iglesias han decidido elevar su voz una vez más para denunciar el nacionalismo obligatorio que se está tratando de imponer en las autonomÃas con lengua co-oficial (por cierto, aunque la situación es especialmente preocupante en Cataluña, PaÃs Vasco o Galicia, la actuación de los gobiernos populares de Valencia y Baleares también ha dejado mucho que desear en este ámbito).
Como era de esperar de un documento suscrito por personas de este calibre, el Manifiesto está lleno de sentido común y sus reivindicaciones son tan obvias que sorprenderÃan a quien no conociese la realidad polÃtica española. Yo ya me he adherido al mismo a través de elmundo.es y os animo a que vosotros también lo hagáis. Seguramente no tendrá ninguna repercusión práctica, pero al menos que no se diga que no lo intentamos www.elmundo.es/elmundo/2008/06/23/espana/1214244676.html
Me gustarÃa hacer, eso sÃ, dos acotaciones a este texto. En primer lugar, creo que tanto yo como los promotores del mismo no deseamos en ningún caso revertir una situación de nacionalismo catalán obligatorio por uno español. Lo advierto, porque en este tipo de situaciones son habituales las reacciones viscerales del tipo, "esto es España y aquà se habla español". Al igual que yo reclamo mi derecho a ser tratado por todas las administraciones públicas en castellano, admito el derecho de los catalano-hablantes a exigir lo mismo.
El segundo añadido que a mà me gustarÃa hacerle a este texto tiene que ver directamente con el papel de nuestro inefable PapáEstado en todo este embrollo. Como se encargan de recordarnos a menudo polÃticos de todas las tendencias (incluso muchos nacionalistas) en la vida cotidiana de estas regiones "no existen problemas lingüÃsticos". Evidentemente, los catalanes, vascos, gallegos o baleares son mucho más inteligentes que sus polÃticos y viven su bilingüismo con normalidad. El problema siempre surge cuando la administración de turno se interpone. AsÃ, obligar a una persona a rotular su establecimiento en un idioma es una intolerable intromisión en su propiedad privada. AquÃ, el problema no es el uso de uno u otro idioma, sino la tentación, tan común en las instituciones públicas, de meternos a todos en el mismo traje. Yo creo que cualquiera tiene derecho a manejar su negocio como le venga en gana, siempre que no lesione los derechos de su vecino, pero cuando digo cualquiera, me refiero también al derecho de un ciudadano chino a incluir carteles sólo en mandarÃn, aunque regente un restaurante en La Latina. Sólo si estamos dispuestos a admitir esta condición, creo que podremos estar realmente capacitados para criticar las liberticidas normas del Gobierno de la Generalitat.
En este sentido, quizás sea la educación donde más palpable se muestra esta contradicción. Hace poco, escuchaba a Fernando Savater elogiando y defendiendo la asignatura de Educación para la CiudadanÃa. Es sorprendente que quien tan lúcido se muestra al defender los derechos lingüÃsticos se muestre tan cerril a la hora de interpretar los educativos. El problema no es si esta asignatura es positiva o no (eso lo tendrá que decidir cada uno esta noche con su almohada) sino la imposición a todos los niños del mismo sistema educativo y del colegio público que te toque por cercanÃa, con su inamovible plan de estudios. No me gusta autocitarme, pero en mis dos artÃculos anteriores sobre la educación (El Modelo Fines y El Modelo Español) ya expuse lo beneficioso que serÃa que los padres pudiesen elegir colegio y que no todos los centros siguiesen el mismo patrón educativo. Si hay padres que quieren que sus hijos estudien el 100% de las asignaturas en catalán, a mà me parece bien (en realidad me parece una memez, pero es su problema), y no creo que deba ser yo el que les obligue a seguir mis criterios. Todo el problema de las lenguas en la educación se resolverÃa con algo tan sencillo como la devolución a los progenitores de la capacidad para decidir dónde y qué deben estudiar sus descendientes.
Por eso Papá es tan peligroso. Por eso hay que recortarle las alas. Porque el problema no es que quiera obligarme a expresarme en una lengua determinada (esto es sólo un sÃntoma), el verdadero meollo de la cuestión es que, por mucho empeño que yo ponga en comprenderle, PapáEstado y yo hablamos distinto idioma.





