La ONU ya tiene un culpable
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Vuelvo del puente y me encuentro con unas declaraciones del relator de la ONU para el Derecho a la Alimentación, Olivier de Schutter, sobre la crisis alimenticia mundial y el encarecimiento de los precios de las materias primas agrícolas. Como se podía esperar de alguien que trabaja en esta organización, De Schutter tiene ya un cabeza de turco ideal a quien culpar de todos los males: el mercado.
Según este personaje, el FMI ha incitado a “los países más endeudados, en particular en el África subsahariana, a desarrollar cultivos de exportación y a importar los alimentos que consumen" y "esta liberalización les ha hecho vulnerables a la volatilidad de los precios". No seré yo quién defienda al Fondo Monetario Internacional, pero culpar a la liberalización de la escalada de los precios agrícolas suena a rechifla. Posiblemente no exista un mercado más intervenido que el agrícola, ni unos productores que reciban más ayudas del estado que los terratenientes del primer mundo. Sin embargo, De Schutter (que no ignora este hecho) cree que “la autorregulación del mercado no es la solución, sino el problema".
Que una persona preparada e informada sostenga este tipo de opiniones a estas alturas de la película es no sólo sorprendente sino peligroso.
Vayamos por partes. Si los agricultores de las zonas subdesarrolladas cambian de cultivo es porque con el nuevo (el de “importación”) ganan más y, por lo tanto, pueden no sólo comprar el que producían antes sino que les queda un excedente. De Schutter no aclara cuál sería su alternativa (es una característica común en los intervencionistas, casi nunca proponen una solución), pero debería saber que la autarquía tiene un enorme historial de fracasos.
En segundo lugar, habría que recordar a nuestro experto que una gran parte de la culpa de los precios de los cereales la tienen sus compañeros de despacho. La ONU y sus absurdas medidas intervencionistas contra el cambio climático no sólo no conseguirán revertir de forma apreciable las temperaturas terrestres, sino que amenazan con destruir las economías de medio mundo. El maíz ha alcanzado precios record y ha desplazado a otros cultivos no por una mayor demanda, sino por la expectativa de los agricultores de una subida de precios derivada de las obligaciones ¿medioambientales? incluidas en el Protocolo de Kyoto. Europa no llegará al 10% de uso de biocarburantes para 2015 y aunque lo logre no servirá de casi nada, pero sí que puede conseguir que a un albañil mexicano le cueste el triple comerse un taco.
Por último, reconozcamos a De Schutter que sus protestas contra el sistema de subvenciones a los agricultores de los países ricos (lo califica como una “vergüenza”) están absolutamente justificadas. Lo que no entendemos es qué tiene que ver esto con el liberalismo en cualquiera de sus formas.
Estoy seguro de que este primer comentario sobre nuestra querida Organización de las Naciones Unidas no será el último. Si PapáEstado es peligroso en su encarnación nacional, en su forma global es temible (ni siquiera tenemos el mínimo control del voto cuatrianual). De Schutter se encarga de recordárnoslo con sus soluciones para el futuro cercano: “Hay que consumir menos energía, utilizar menos automóviles y no hacerse ilusiones sobre la capacidad de las nuevas tecnologías de permitirnos mantener nuestro nivel de vida occidental”.
Tengo miedo…






cambio climático
A estas alturas del curso, aquellos que niegan el calentamiento global no pueden ser otra cosa que oscurantistas ultramontanos, del pelaje de aquellos que niegan la evolución y con ella el conjunto de la ciencia y de sus métodos. Enemigos de la razón no escasean hoy día, aunque afortunadamente más que en las épocas doradas de nuestra barbarie, cuando ni los reyes se lavaban porque iba en contra de los designios de Dios.
¿Qué cambio?
¿Dónde pone en este artículo algo que mínimamente se pueda interpretar como que se está negando el cambio climático? Muchas gente en cuanto oye algo que pueda parecer una crítica a cómo se hacen las cosas, aunque sea leve, responde exactamente con la misma frase que tú. Si yo fuera tú, me replantearía mi argumentario y no lo reduciría al que impone la corrección política..