Fabricar buenos catalanistas
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Miguel Iceta, el viceprimer secretario del PSC-PSOE ha dicho en una entrevista concedida a Catalunya Radio que los medios de comunicación públicos catalanes deben “fabricar buenos catalanistas”. No se trata, como pareciera a primera vista, de concienciar a la gente en las ideas independistas de sus socios de ERC. Según dice Iceta en su blog personal, el catalanismo es “un sentimiento difuso y transversal, de aprecio por la tierra, la cultura, la historia y la lengua catalanas”, en el que “el autonomismo, el federalismo, el soberanismo y el independentismo” tienen cabida. Vamos, que lo único que no tiene cabida en el catalanismo es ser centralista o indiferente. Un catalanista debe ser alguien que, de alguna forma, “vive” Cataluña.
Así pues, el señor Iceta cree que el dinero de los ciudadanos se emplea correctamente cuando sirve a la formación de un “sentimiento difuso y transversal, de aprecio por la tierra”. Pero, ¿por qué? Admitamos que debe haber medios de comunicación públicos. Admitamos igualmente que queremos fomentar determinadas actitudes sociales. Incluso admitamos que nuestras intenciones son puras. ¿Qué actitudes deberíamos fomentar en la ciudadanía catalana?
Se me ocurren muchas. En primer lugar, algo de lo que carece la clase política española y catalana en particular: el pensamiento crítico. Pero también la compasión por los ancianos, los inválidos y los pobres, la camaradería, el amor hacia los padres, los hermanos y los hijos, el respeto a la naturaleza, el aprecio por la buena pintura, el buen cine y la buena literatura, la coherencia arquitectónica… Podría seguir hasta el aburrimiento: el uso moderado de los cláxones, la no-micción en lugares oscuros cuando se va ‘trompa’, Superlópez, las canciones de Sabina (“más de mil mentiras que valen la pena”), las novelas de Corín Tellado y de Agatha Christie, el cultivo de pensamientos o, incluso, las estatuas de Botero.
Lo raro es que el catalanismo no está en mi lista. Hay un montón de sentimientos que me gusta compartir con la gente; pero entre ellos no están los nacionalismos “difusos”; incluso si son “transversales”. Más aún: desde mi pobre conocimiento del siglo XX, y del XIX, y del Franquismo, y de las guerras napoleónicas, y de Lluis Companys, y del paraguayo Solano López, casi como que me parece deseable fomentar el "pasotismo" patriótico. Puestos a fomentar algo útil, localista, y que no haga daño a nadie, propongo la heurística micológica. Me consta que en Catalunya hay muchos seguidores.
Pero quizás el problema sea mío, por eso de que vivo en Madrid. Desde esta innoble ciudad es difícil aprehender en toda su grandeza ese maravilloso sentimiento del que tanto goza el señor Iceta. Lo creo así porque observo que mis vecinos no dejan de criticar su tierra; lo que, supongo, les hace ser aún más infelices de lo que ya son: que si el humo, que si el tráfico, que aquí-no-hay-quien-aparque, que aquí-no-hay-quien-viva, que mañana-mismo-me-escapo-a-la-Sierra… Quizás si desde Telemadrid se fomentara un difuso sentimiento de madrididad la gente fuera más feliz. Es una idea.






¿La butifarra y el chotis?
Pues sí, CaballoLoco, el problema debe ser tuyo: te propongo que tal vez para fomentar el catalanismo podríamos elevar la butifarra a icono nacional, de la "nación catalana" por supuesto, y por otro lado, para fomentar el madrileñismo, que Telemadrid programara en horario de máxima audiencia cursos televisados de chotis. Todo ello con permiso del señor Iceta, claro, que estoy seguro que aceptará y seremos todos, como bien indicas, mucho más felices.
Lo que me pregunto es si el hecho de tener unas señas de identidad nacional tan claramente diferenciadas podría conducir a un mayor agravamiento de los enfrentamientos. Bueno, no me voy a preocupar mucho de ello, porque ya están ahí nuestros políticos para dilucidar cuál es la solución más adecuada para afrontar estos problemas de primerísima magnitud.