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lunes, 21 de agosto de 2017

Asombra comprobar la cantidad de leyes y regulaciones que existen en nuestra sociedad. Ahora bien, ¿son necesarias? Desde aquí quiero abrir un debate que ya abrió Ayn Rand en su obra La Rebelión de Atlas, en la cual un miembro del Gobierno le decía, más o menos, lo siguiente a Hank Rearden:

¿De verdad crees que hacemos las leyes para que se cumplan? No. Hacemos las leyes para que se quebranten. La única fuerza que tiene el Estado sobre el individuo es la violencia contra el criminal. Hacemos tantas regulaciones y tan ambiguas que podemos ir contra cualquier ciudadano en cualquier momento.

Estoy seguro de que todos y cada uno de los que lean esta entrada habrán quebrantado más de una ley en su vida. Aunque hayan intentado ser los más respetuosos con la ley, habrá numerosas regulaciones que no habrá aplicado correctamente. Sencillamente, es imposible. Simplemente conduciendo cometemos decenas de faltas a diario. Faltas que, llegado el caso, te pueden suponer una multa o la retención del vehículo, siguiendo estrictamente el código de circulación, aún cuando no hayamos puesto en peligro la vida de nadie.

Si todas las leyes y regulaciones que tenemos son tan importantes, ¿por qué vemos, nosotros, que creemos firmemente que el respeto a la ley es el pilar de la convivencia entre individuos, cómo multitud de ellas son quebrantadas sin la más mínima consecuencia?

Sin duda, esa frase de Ayn Rand pronunciada en boca de un miembro ficticio del Gobierno abre muchos interrogantes que, tal vez, no nos hayamos planteado antes.

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