Barbijaputa contra la custodia compartida por defecto

Leo en eldiario.es el último artículo de Barbijaputa, la flamante columnista del diario de Ignacio Escolar. El artículo, ya desde el título, no tiene desperdicio, y es que no hay nada como un titular alarmante para recibir unas cuantas visitas (he de reconocer que, en mi caso, ha funcionado): Custodia compartida por defecto, machismo con efecto.

Así, en apenas siete palabras y una coma, Barbijaputa apunta a que otorgar por defecto la custodia compartida es machista. Curioso proviniendo de alguien que, con buen criterio histórico, definiría feminismo como la lucha por la igualdad de derechos y obligaciones, y la no discriminación, entre sexos. Desgranemos el artículo para ver por qué le parece al o la articulista. 

Todo comienza porque el Congreso, con los votos del PP y Ciudadanos, aprobó el pasado miércoles una moción para hacer prioritaria la custodia compartida. A esto se opusieron PSOE y Podemos. En principio no sé qué tiene de perjudicial esto: lo mismo para todos y ya habrá excepciones. Barbijaputa parece que no considera que la excepción debería ser la custodia no compartida. Y se basa en ciertos criterios estadísticos para argumentar su opinión, a cada cual más rocambolesco. Pero vayamos por parte.

Lo primero que hace es criticar a Ciudadanos. Critica al partido naranja que sólo está compuesto por un 25% de mujeres (Barbijaputa entiende "feminismo" por cuota de sexo) pero que las coloca estratégicamente. Es decir, acusa a Ciudadanos de utilizar a Melisa Rodríguez como reclamo femenino para que la medida de la custodia compartida no sea tan machista. A esta conclusión llega sin ni siquiera plantearse si Melisa Rodríguez era la persona idónea para presentar la propuesta. No. Melisa está ahí porque es mujer. Y Barbijaputa se considera feminista. Aluden también que Eva Borox presentó en la Asamblea de Madrid la proposición no de ley para regular los vientes de alquiler. Para Barbijaputa, una mujer no puede salirse del redil feminista en un tema tan polémico. Si no estás a favor del discurso oficial, no eres feminista, eres machista, y además te usan como mujer para no levantar ampollas. Continua el artículo hablando de lo machista que es el Partido Popular (todo el mundo sabe que en el Partido Popular no ha habido nunca mujeres en cargos importantes, a saber, Esperanza Aguirre, Soraya Sáenz, Loyola de Palacio, Cristina Cifuentes, Cospedal, Luisa Fernanda Rudi, María San Gil, etc.). Estas mujeres serán mejor o peor políticas, pero no se puede decir que no tuvieran cargos importantes perteneciendo al machista Partido Popular. Se ve que como las listas no son cremallera, son machistas.

Concluye esta primera parte del artículo alegando que a Ciudadanos le mueve una pasión machista por querer la custodia compartida. Y ya, después de esta introducción, pasa a la argumentación de por qué la custodia compartida es un error. 

"La realidad es que el cuidado de las criaturas sigue recayendo sobre las mujeres, y han sido históricamente ellos, los padres, los primeros en desentenderse de dicha responsabilidad."

Es decir, en la sociedad hay dos tipos de personas: mujeres y hombres. Se mete a todas las mujeres en un saco, a todos los hombres en otro, se saca un promedio de actitudes ante la vida, y ya tenemos a todos etiquetados. Barbijaputa no es capaz de entender que cada individuo es distinto, que la ley debe legislar sobre la base de que todos los individuos son iguales ante la ley independientemente de su sexo, y que lo que haya hecho la mayoría de mujeres y hombres a lo largo de la historia y en el momento actual no es motivo para legislar sobre un individuo. Esto que defiende Barbijaputa no es feminismo. Es una discriminación por motivos de sexo como la copa de un pino

"La dejación de sus responsabilidades como padres ha sido lo que ha motivado que las madres acabaran siempre con la custodia"

Según Barbijaputa, todos los hombres acometen dejación de funciones. TODOS, sin expceción.

"Pero, de la misma forma que muchos hombres se han implicado en la educación de sus hijas e hijos, muchos han empezado a optar por pedir la custodia compartida por el descenso que eso supone en la pensión alimenticia que deben pasar a su ex pareja. "

¿Qué tiene que ver la motivación de uno, o muchos individuos, para legislar sobre todos los individuos de su clase? Se legisla desatendiendo al colectivo al que pueda pertenecer cada persona. Los derechos son personales, no colectivos, aunque esto ya se sabe que a ciertas personas de ideología escorada a la izquierda no gusta.

Por supuesto que los motivos para pedir una custodia importan... en ese caso, pero no en todos. Yo no tengo por qué pagar lo que otras personas hayan hecho anteriormente. Sencillamente, no tiene ningún sentido. Sigamos.

"Ciudadanos se ha reunido en numerosas ocasiones con asociaciones como SOS Papá, más conocidos por su machismo al tachar a la ley de Violencia de Género como " caza de brujas" "

Cuestionar la ley de Violencia de Género es machista. Punto. No admite réplica. La ley es perfecta.

"a día de hoy no se puede ignorar la opinión de quien ha sido la persona encargada en la pareja –hasta el momento de la separación– de los niños. En caso de no haber acuerdo, debería pesar más la opinión de dicha persona, que obviamente suele ser la madre por razones sociales e históricas innegables, y si ella es quien ha estado involucrada en sus cuidados y su educación, sin duda sabrá qué es lo mejor para los menores."

Si esa madre, ese individuo, en ese caso, ha sido la persona encargada de sus ciudados y educación, vale, pero no sé qué tienen que ver "las razones sociales e históricas innegables". Como me he cansado de repetir ya, Barbijaputa no cree en el individuo, cree en los colectivos, y en que todos los colectivos se comportan igual. Barbijaputa no es consciente de que esa actitud es la que ha llevado a los Estados a crear regímenes autoritarios de terror. O sí es consciente...

He aquí una prueba del sectarismo de cierta parte de la sociedad (no hay más que ver la sección de comentarios del artículo para comprobar con alivio que el grueso de la sociedad no comparte la visión partidista de Barbijaputa) con la cual, visto lo visto, sería imposible extender el debate a cuestiones como las razones, dentro de cada pareja, que han llevado a que la madre pase más tiempo con el hijo. Tal vez fuera una decisión racional basada en los ingresos. Si no se dispone de soporte familiar y uno de los dos se viera abocado a dejar de trabajar, una decisión racional sería que dejara de trabajar el que menos ingresa (sea este hombre o mujer). ¿Significa esto que esa mujer o ese hombre se hubiera desatendido de los hijos? Para mí, no. Para Barbijaputa, sí. Y, desde luego, la sociedad debería ir encaminada a lograr que ninguno de los progenitores se tuviera que ver en la obligación de dejar de trabajar para cuidar de sus hijos. Ese sí es un punto justo del feminismo: la conciliación familiar.


Leo en eldiario.es el último artículo de Barbijaputa, la flamante columnista del diario de Ignacio Escolar. El artículo, ya desde el título, no tiene desperdicio, y es que no hay nada como un titular alarmante para recibir unas cuantas visitas (he de reconocer que, en mi caso, ha funcionado): Custodia compartida por defecto, machismo con efecto.

Así, en apenas siete palabras y una coma, Barbijaputa apunta a que otorgar por defecto la custodia compartida es machista. Curioso proviniendo de alguien que, con buen criterio histórico, definiría feminismo como la lucha por la igualdad de derechos y obligaciones, y la no discriminación, entre sexos. Desgranemos el artículo para ver por qué le parece al o la articulista. 

Todo comienza porque el Congreso, con los votos del PP y Ciudadanos, aprobó el pasado miércoles una moción para hacer prioritaria la custodia compartida. A esto se opusieron PSOE y Podemos. En principio no sé qué tiene de perjudicial esto: lo mismo para todos y ya habrá excepciones. Barbijaputa parece que no considera que la excepción debería ser la custodia no compartida. Y se basa en ciertos criterios estadísticos para argumentar su opinión, a cada cual más rocambolesco. Pero vayamos por parte.

Lo primero que hace es criticar a Ciudadanos. Critica al partido naranja que sólo está compuesto por un 25% de mujeres (Barbijaputa entiende "feminismo" por cuota de sexo) pero que las coloca estratégicamente. Es decir, acusa a Ciudadanos de utilizar a Melisa Rodríguez como reclamo femenino para que la medida de la custodia compartida no sea tan machista. A esta conclusión llega sin ni siquiera plantearse si Melisa Rodríguez era la persona idónea para presentar la propuesta. No. Melisa está ahí porque es mujer. Y Barbijaputa se considera feminista. Aluden también que Eva Borox presentó en la Asamblea de Madrid la proposición no de ley para regular los vientes de alquiler. Para Barbijaputa, una mujer no puede salirse del redil feminista en un tema tan polémico. Si no estás a favor del discurso oficial, no eres feminista, eres machista, y además te usan como mujer para no levantar ampollas. Continua el artículo hablando de lo machista que es el Partido Popular (todo el mundo sabe que en el Partido Popular no ha habido nunca mujeres en cargos importantes, a saber, Esperanza Aguirre, Soraya Sáenz, Loyola de Palacio, Cristina Cifuentes, Cospedal, Luisa Fernanda Rudi, María San Gil, etc.). Estas mujeres serán mejor o peor políticas, pero no se puede decir que no tuvieran cargos importantes perteneciendo al machista Partido Popular. Se ve que como las listas no son cremallera, son machistas.

Concluye esta primera parte del artículo alegando que a Ciudadanos le mueve una pasión machista por querer la custodia compartida. Y ya, después de esta introducción, pasa a la argumentación de por qué la custodia compartida es un error. 

"La realidad es que el cuidado de las criaturas sigue recayendo sobre las mujeres, y han sido históricamente ellos, los padres, los primeros en desentenderse de dicha responsabilidad."

Es decir, en la sociedad hay dos tipos de personas: mujeres y hombres. Se mete a todas las mujeres en un saco, a todos los hombres en otro, se saca un promedio de actitudes ante la vida, y ya tenemos a todos etiquetados. Barbijaputa no es capaz de entender que cada individuo es distinto, que la ley debe legislar sobre la base de que todos los individuos son iguales ante la ley independientemente de su sexo, y que lo que haya hecho la mayoría de mujeres y hombres a lo largo de la historia y en el momento actual no es motivo para legislar sobre un individuo. Esto que defiende Barbijaputa no es feminismo. Es una discriminación por motivos de sexo como la copa de un pino

"La dejación de sus responsabilidades como padres ha sido lo que ha motivado que las madres acabaran siempre con la custodia"

Según Barbijaputa, todos los hombres acometen dejación de funciones. TODOS, sin expceción.

"Pero, de la misma forma que muchos hombres se han implicado en la educación de sus hijas e hijos, muchos han empezado a optar por pedir la custodia compartida por el descenso que eso supone en la pensión alimenticia que deben pasar a su ex pareja. "

¿Qué tiene que ver la motivación de uno, o muchos individuos, para legislar sobre todos los individuos de su clase? Se legisla desatendiendo al colectivo al que pueda pertenecer cada persona. Los derechos son personales, no colectivos, aunque esto ya se sabe que a ciertas personas de ideología escorada a la izquierda no gusta.

Por supuesto que los motivos para pedir una custodia importan... en ese caso, pero no en todos. Yo no tengo por qué pagar lo que otras personas hayan hecho anteriormente. Sencillamente, no tiene ningún sentido. Sigamos.

"Ciudadanos se ha reunido en numerosas ocasiones con asociaciones como SOS Papá, más conocidos por su machismo al tachar a la ley de Violencia de Género como " caza de brujas" "

Cuestionar la ley de Violencia de Género es machista. Punto. No admite réplica. La ley es perfecta.

"a día de hoy no se puede ignorar la opinión de quien ha sido la persona encargada en la pareja –hasta el momento de la separación– de los niños. En caso de no haber acuerdo, debería pesar más la opinión de dicha persona, que obviamente suele ser la madre por razones sociales e históricas innegables, y si ella es quien ha estado involucrada en sus cuidados y su educación, sin duda sabrá qué es lo mejor para los menores."

Si esa madre, ese individuo, en ese caso, ha sido la persona encargada de sus ciudados y educación, vale, pero no sé qué tienen que ver "las razones sociales e históricas innegables". Como me he cansado de repetir ya, Barbijaputa no cree en el individuo, cree en los colectivos, y en que todos los colectivos se comportan igual. Barbijaputa no es consciente de que esa actitud es la que ha llevado a los Estados a crear regímenes autoritarios de terror. O sí es consciente...

He aquí una prueba del sectarismo de cierta parte de la sociedad (no hay más que ver la sección de comentarios del artículo para comprobar con alivio que el grueso de la sociedad no comparte la visión partidista de Barbijaputa) con la cual, visto lo visto, sería imposible extender el debate a cuestiones como las razones, dentro de cada pareja, que han llevado a que la madre pase más tiempo con el hijo. Tal vez fuera una decisión racional basada en los ingresos. Si no se dispone de soporte familiar y uno de los dos se viera abocado a dejar de trabajar, una decisión racional sería que dejara de trabajar el que menos ingresa (sea este hombre o mujer). ¿Significa esto que esa mujer o ese hombre se hubiera desatendido de los hijos? Para mí, no. Para Barbijaputa, sí. Y, desde luego, la sociedad debería ir encaminada a lograr que ninguno de los progenitores se tuviera que ver en la obligación de dejar de trabajar para cuidar de sus hijos. Ese sí es un punto justo del feminismo: la conciliación familiar.


En la UE se votó más a favor del reférendum de Erdogan que en Turquía

El 16 de abril del presente año se celebró un referéndum en Turquía para aumentar el poder presidencialista frente al parlamentario. En lo que se resumió en los medios europeos como una suerte de cambio de regimen que permitiría al presidente Recep Erdogan centralizar el poder de Turquía, eliminando la figura del Primer Ministro (estableciéndose él como Jefe de Estado y de Gobierno. Las medidas propuestas en el referéndum fueron cuestionadas firmemente por la comunidad internacional, en especial los líderes de la Unión Europea, que lamentaban lo que consideraban un paso atrás en la senda que llevaría a Turquía a formar parte de la Unión y alertaban de un giro hacia el radicalismo del país.

La campaña estuvo envuelta en polémica tras la detención y expulsión del país de varios miembros del Ejecutivo turco de suelo Europeo. Sonoras fueron las confrontaciones con Alemania y Países Bajos. A los primeros, Erdogan los llamó nazis por cancelar mítines. A los segundos, también. Cabe recordar que los Países Bajos no permiten mítines políticos de personalidades extranjeras en su territorio, norma ignorada por los miembros del Ejecutivo turco que fueron expulsados.

En medio de esta escalada de tensión se celebró el referéndum. El Sí ganó con un 51% de los votos (25,1 millones frente a 23,7). Pero lo más llamativo fueron los resultados fuera de Turquía, pues curiosamente en los cinco países extranjeros con más turcos (Alemania, Francia, Países Bajos, Bélgica y Austria), el Sí ganó incluso con una mayoría más amplia que en suelo turco.


¿Qué lleva a unos residentes europeos a votar a favor en un referéndum que otorga al presidente mayores poderes sobre la nación? ¿Representa eso acaso los valores occidentales que predominan, y deben seguir predominando, tales como la separación y contrapeso de poderes? Lamentablemente, no. Es inconcebible que la comunidad turca en Bélgica optara en un 75% en limitar el poder del Parlamento, representante de la diversidad de la población turca, en favor del Presidente.

Puede parecer una estadística sin fondo, pero a mí me parece una buena muestra de la falta de integración en los valores occidentales. Y una prueba de que a través de la democracia se puede llegar a a regímenes más totalitarios. No está de más recordar que la democracia no es más que un instrumento para garantizar los derechos y libertades de los ciudadanos y que jamás puede estar por encima de esos derechos y esas libertades.

El 16 de abril del presente año se celebró un referéndum en Turquía para aumentar el poder presidencialista frente al parlamentario. En lo que se resumió en los medios europeos como una suerte de cambio de regimen que permitiría al presidente Recep Erdogan centralizar el poder de Turquía, eliminando la figura del Primer Ministro (estableciéndose él como Jefe de Estado y de Gobierno. Las medidas propuestas en el referéndum fueron cuestionadas firmemente por la comunidad internacional, en especial los líderes de la Unión Europea, que lamentaban lo que consideraban un paso atrás en la senda que llevaría a Turquía a formar parte de la Unión y alertaban de un giro hacia el radicalismo del país.

La campaña estuvo envuelta en polémica tras la detención y expulsión del país de varios miembros del Ejecutivo turco de suelo Europeo. Sonoras fueron las confrontaciones con Alemania y Países Bajos. A los primeros, Erdogan los llamó nazis por cancelar mítines. A los segundos, también. Cabe recordar que los Países Bajos no permiten mítines políticos de personalidades extranjeras en su territorio, norma ignorada por los miembros del Ejecutivo turco que fueron expulsados.

En medio de esta escalada de tensión se celebró el referéndum. El Sí ganó con un 51% de los votos (25,1 millones frente a 23,7). Pero lo más llamativo fueron los resultados fuera de Turquía, pues curiosamente en los cinco países extranjeros con más turcos (Alemania, Francia, Países Bajos, Bélgica y Austria), el Sí ganó incluso con una mayoría más amplia que en suelo turco.


¿Qué lleva a unos residentes europeos a votar a favor en un referéndum que otorga al presidente mayores poderes sobre la nación? ¿Representa eso acaso los valores occidentales que predominan, y deben seguir predominando, tales como la separación y contrapeso de poderes? Lamentablemente, no. Es inconcebible que la comunidad turca en Bélgica optara en un 75% en limitar el poder del Parlamento, representante de la diversidad de la población turca, en favor del Presidente.

Puede parecer una estadística sin fondo, pero a mí me parece una buena muestra de la falta de integración en los valores occidentales. Y una prueba de que a través de la democracia se puede llegar a a regímenes más totalitarios. No está de más recordar que la democracia no es más que un instrumento para garantizar los derechos y libertades de los ciudadanos y que jamás puede estar por encima de esos derechos y esas libertades.

No es un incidente, es un atentado

Ayer asistimos al enésimo atentado en suelo europeo de los últimos años (ya he perdido la cuenta) y también a la enésima muestra de putrefacción de los medios de comunicación (también he perdido la cuenta). Con el objetivo (inútil) de tratar de infundir una seguridad en los ciudadanos (una seguridad que debería provenir de mensajes y medidas concretas y no de los mensajes en 140 caracteres de nuestros representantes políticos), o tal vez por el miedo a ser tachados de racistas y xenófobos o, simplemente, por el hecho de que los profesionales de la comunicación cada vez saben menos castellano, los medios se hacían eco de lo acontecido anoche en Londres hablando de "incidente". En este "incidente" se hablaba de que una furgoneta había embestido contra varias personas en el London Bridge de la capital británica y después tres hombres armados con cuchillos habían apuñalado arbitrariamente a todo aquel que se encontrara cerca de ellos.

Acudamos a la RAE:


No parece que ninguna acepción de "incidente" case con lo sucedido ayer en Londres. Que alguien con una furgoneta embista a transeúntes y unos tíos con cuchillos apuñalen a personas no parece, desde luego, una riña.

"Atentado", desde luego, parece una palabra mucho más adecuada:


Sin embargo, en los medios de comunicación se ha instalado la "corrección política". Hasta que no se dictamine qué ha pasado no se puede hablar de atentado, y punto. Se habla de incidente, aunque veamos cuerpos por el suelo, testigos en estado de shock, y a la policía desalojando pubs. Aunque sepamos que tres terroristas andan en busca y captura. Lo importante es no crear alarma social.

Pero lo cierto es que crean justamente lo contrario. Una cosa es que no se conociera la autoría del atentado (y por tanto, no se dijera "atentado yihadista"), y otra cosa que no fuera un atentado. Es más, de descubrirse posteriormente que no lo era, siempre se puede rectificar. Pero negar lo que parece más que evidente muestra una disociación mayúscula entre medios de comunicación y ciudadanos que provoca cada vez más tensión. El lenguaje está para usarlo, no para adecuarlo a lo que políticamente conviene en cada momento. Desgraciadamente, hace mucho que el lenguaje también es víctima de este Nuevo Orden Mundial en el que nos tratan de vender una realidad paralela que muestra cómo debería ser el mundo y no cómo realmente es.




Ayer asistimos al enésimo atentado en suelo europeo de los últimos años (ya he perdido la cuenta) y también a la enésima muestra de putrefacción de los medios de comunicación (también he perdido la cuenta). Con el objetivo (inútil) de tratar de infundir una seguridad en los ciudadanos (una seguridad que debería provenir de mensajes y medidas concretas y no de los mensajes en 140 caracteres de nuestros representantes políticos), o tal vez por el miedo a ser tachados de racistas y xenófobos o, simplemente, por el hecho de que los profesionales de la comunicación cada vez saben menos castellano, los medios se hacían eco de lo acontecido anoche en Londres hablando de "incidente". En este "incidente" se hablaba de que una furgoneta había embestido contra varias personas en el London Bridge de la capital británica y después tres hombres armados con cuchillos habían apuñalado arbitrariamente a todo aquel que se encontrara cerca de ellos.

Acudamos a la RAE:


No parece que ninguna acepción de "incidente" case con lo sucedido ayer en Londres. Que alguien con una furgoneta embista a transeúntes y unos tíos con cuchillos apuñalen a personas no parece, desde luego, una riña.

"Atentado", desde luego, parece una palabra mucho más adecuada:


Sin embargo, en los medios de comunicación se ha instalado la "corrección política". Hasta que no se dictamine qué ha pasado no se puede hablar de atentado, y punto. Se habla de incidente, aunque veamos cuerpos por el suelo, testigos en estado de shock, y a la policía desalojando pubs. Aunque sepamos que tres terroristas andan en busca y captura. Lo importante es no crear alarma social.

Pero lo cierto es que crean justamente lo contrario. Una cosa es que no se conociera la autoría del atentado (y por tanto, no se dijera "atentado yihadista"), y otra cosa que no fuera un atentado. Es más, de descubrirse posteriormente que no lo era, siempre se puede rectificar. Pero negar lo que parece más que evidente muestra una disociación mayúscula entre medios de comunicación y ciudadanos que provoca cada vez más tensión. El lenguaje está para usarlo, no para adecuarlo a lo que políticamente conviene en cada momento. Desgraciadamente, hace mucho que el lenguaje también es víctima de este Nuevo Orden Mundial en el que nos tratan de vender una realidad paralela que muestra cómo debería ser el mundo y no cómo realmente es.




El nivel político mundial en 140 caracteres

Vivimos los años dorados de la información. Cualquier persona puede acceder a una cantidad de información inimaginable para los pensadores, filósofos, políticos, científicos y público en general tan solo unas décadas atrás. Sin embargo, esa cantidad inmensa de información ha provocado un efecto perverso: los individuos se quedan con los titulares. 


Vivimos en la era de los 140 caracteres. Y esto no viene sólo del otro lado del charco. Bien es cierto que Donald Trump da titulares día sí, día también, desde la red social Twitter. Lanza globos sonda aquí y allá, siempre cargados de polémica. Pero nuestros líderes europeos también acuden a la red social del pajarito para lanzar mensajes. Podríamos tacharlo de "postureo político" y no nos estaríamos equivocando mucho. Para muestra, los mensajes de Mariano Rajoy y Emmanuel Macron tras los atentados de anoche en Londres que dejaron, de momento, 6 muertos.

Nos hemos acostumbrado a que en veinte palabras se resume nuestro "estado", nuestra "preocupación" y nuestras "soluciones políticas". La pereza del ciudadano medio en leerse los programas de nuestros partidos políticos ha encontrado respuesta en una generación de políticos que se dejan llevar por el eslogan fácil. Un eslogan que, de todos modos, es difícil rebatir en otras veinte palabras. ¡Y ay del que ose tratar de escribir más de doscientas palabras desmontando el programa político del contrario! "Un rollo, paso de leerlo", obtendrán por respuesta.

Seamos serios. Los partidos, al igual que las empresas, tienen Community Managers que actualizan las redes sociales. Igual que tienen especialistas que les hacen los discursos. Pero al menos, en un discurso, el político da la cara. No se puede responder a los actos terroristas con 140 caracteres y salir a los dos días para dar un mensaje de palabras rimbombantes que al rascar un poco se quedan en nada. Los políticos tienen que demostrar que están ahí por y para el ciudadano, y si eso conlleva que si a las 22.00 un terrorista asesina a ciudadanos inocentes, a las 23.00 los líderes políticos tienen que salir en antena para dar un mensaje de esperanza, para ofrecer soluciones y para mostrar el apoyo a ese infame populacho que les pagamos el sueldo. Señores políticos, no basta con dos frases manidas en Twitter.




Vivimos los años dorados de la información. Cualquier persona puede acceder a una cantidad de información inimaginable para los pensadores, filósofos, políticos, científicos y público en general tan solo unas décadas atrás. Sin embargo, esa cantidad inmensa de información ha provocado un efecto perverso: los individuos se quedan con los titulares. 


Vivimos en la era de los 140 caracteres. Y esto no viene sólo del otro lado del charco. Bien es cierto que Donald Trump da titulares día sí, día también, desde la red social Twitter. Lanza globos sonda aquí y allá, siempre cargados de polémica. Pero nuestros líderes europeos también acuden a la red social del pajarito para lanzar mensajes. Podríamos tacharlo de "postureo político" y no nos estaríamos equivocando mucho. Para muestra, los mensajes de Mariano Rajoy y Emmanuel Macron tras los atentados de anoche en Londres que dejaron, de momento, 6 muertos.

Nos hemos acostumbrado a que en veinte palabras se resume nuestro "estado", nuestra "preocupación" y nuestras "soluciones políticas". La pereza del ciudadano medio en leerse los programas de nuestros partidos políticos ha encontrado respuesta en una generación de políticos que se dejan llevar por el eslogan fácil. Un eslogan que, de todos modos, es difícil rebatir en otras veinte palabras. ¡Y ay del que ose tratar de escribir más de doscientas palabras desmontando el programa político del contrario! "Un rollo, paso de leerlo", obtendrán por respuesta.

Seamos serios. Los partidos, al igual que las empresas, tienen Community Managers que actualizan las redes sociales. Igual que tienen especialistas que les hacen los discursos. Pero al menos, en un discurso, el político da la cara. No se puede responder a los actos terroristas con 140 caracteres y salir a los dos días para dar un mensaje de palabras rimbombantes que al rascar un poco se quedan en nada. Los políticos tienen que demostrar que están ahí por y para el ciudadano, y si eso conlleva que si a las 22.00 un terrorista asesina a ciudadanos inocentes, a las 23.00 los líderes políticos tienen que salir en antena para dar un mensaje de esperanza, para ofrecer soluciones y para mostrar el apoyo a ese infame populacho que les pagamos el sueldo. Señores políticos, no basta con dos frases manidas en Twitter.




El sector del taxi amenaza con una huelga indefinida si el Gobierno no frena a Uber

Son malos tiempos para los taxistas. Primero fue la economía colaborativa (Blablacar) y después una serie de empresas que permiten el alquiler de vehículos con conductor y que, gracias al omnipresente internet, ha dado un vuelco al sector (véase Uber).

Esta última empresa es la que está provocando más daño en un sector que, hasta ahora, tenía mucho poder: los taxistas. El problema es claro: las licencias de taxi están acotadas en número por el Estado (ya sea Ayuntamiento o Gobierno central), lo que permitía el control de la competencia de otros taxistas. Con la irrupción explosiva de estas empresas que operan con licencias VTC, esta competencia se ha visto reforzada y los taxistas están viendo cómo les roban parte del pastel.

¿Cuál es el problema de fondo? El problema de fondo es que las licencias de taxistas siempre han estado controladas en número por el Estado. Eso ha provocado un mercado de licencias que, debido a la contención de la oferta, ha resultado en precios estratosféricamente altos para las licencias. Algunos taxistas han comprado licencias de taxi por lo que cuesta una vivienda, o incluso más. Si ya es normal que un sector presione al Gobierno para limitar la competencia (y lo saludable sería que el Gobierno se negara y la fomentara), si ese sector está lleno de trabajadores que han incurrido en gastos inmensos para poder operar, el problema se entiende mejor.

Ahora bien, ¿fueron los Ayuntamientos los que vendieron estas licencias a los taxistas? En primera estancia sí, pero no por esos infladísimos precios. Los precios se vieron inflados a posteriori, cuando al no haber más licencias, surgió un mercado de compra-venta. Los taxistas compraron la licencia a los tenedores de las mismas por precios increíblemente altos. El Ayuntamiento, por supuesto, lo causó al no liberar el número de licencias (debería ser algo así como una licencia especial de conductor y allá todo aquel que quiera ser taxista, habiendo pasado obviamente los controles correspondientes).

Quien no ha causado este problema es, por supuesto, ni Uber, ni los ciudadanos, potenciales clientes. De triunfar la reivindicación de los taxistas, los clientes nos veremos obligados a pagar precios artificialmente altos para mantener un sector privilegiado (privilegiado gracias al y promovido por el Gobierno). Al Gobierno le corresponde buscar una solución que permita la libre entrada de nuevos oferentes (taxistas, Uber u otros servicios de transporte), sin limitación en número, y compensar, sin perjuicio del ciudadano (sería tremenda injusticia que el ciudadano, que durante todo este tiempo ha sido víctima de precios artificialmente altos, pagara los platos rotos).
Son malos tiempos para los taxistas. Primero fue la economía colaborativa (Blablacar) y después una serie de empresas que permiten el alquiler de vehículos con conductor y que, gracias al omnipresente internet, ha dado un vuelco al sector (véase Uber).

Esta última empresa es la que está provocando más daño en un sector que, hasta ahora, tenía mucho poder: los taxistas. El problema es claro: las licencias de taxi están acotadas en número por el Estado (ya sea Ayuntamiento o Gobierno central), lo que permitía el control de la competencia de otros taxistas. Con la irrupción explosiva de estas empresas que operan con licencias VTC, esta competencia se ha visto reforzada y los taxistas están viendo cómo les roban parte del pastel.

¿Cuál es el problema de fondo? El problema de fondo es que las licencias de taxistas siempre han estado controladas en número por el Estado. Eso ha provocado un mercado de licencias que, debido a la contención de la oferta, ha resultado en precios estratosféricamente altos para las licencias. Algunos taxistas han comprado licencias de taxi por lo que cuesta una vivienda, o incluso más. Si ya es normal que un sector presione al Gobierno para limitar la competencia (y lo saludable sería que el Gobierno se negara y la fomentara), si ese sector está lleno de trabajadores que han incurrido en gastos inmensos para poder operar, el problema se entiende mejor.

Ahora bien, ¿fueron los Ayuntamientos los que vendieron estas licencias a los taxistas? En primera estancia sí, pero no por esos infladísimos precios. Los precios se vieron inflados a posteriori, cuando al no haber más licencias, surgió un mercado de compra-venta. Los taxistas compraron la licencia a los tenedores de las mismas por precios increíblemente altos. El Ayuntamiento, por supuesto, lo causó al no liberar el número de licencias (debería ser algo así como una licencia especial de conductor y allá todo aquel que quiera ser taxista, habiendo pasado obviamente los controles correspondientes).

Quien no ha causado este problema es, por supuesto, ni Uber, ni los ciudadanos, potenciales clientes. De triunfar la reivindicación de los taxistas, los clientes nos veremos obligados a pagar precios artificialmente altos para mantener un sector privilegiado (privilegiado gracias al y promovido por el Gobierno). Al Gobierno le corresponde buscar una solución que permita la libre entrada de nuevos oferentes (taxistas, Uber u otros servicios de transporte), sin limitación en número, y compensar, sin perjuicio del ciudadano (sería tremenda injusticia que el ciudadano, que durante todo este tiempo ha sido víctima de precios artificialmente altos, pagara los platos rotos).